Agenda, set. 2000
Sobre el estado general del psicoanálisis
| "Ein Gespenst geht um in Europa" (un fantasma da vueltas alrededor de Europa) Marx, Manifiesto Comunista "El narcisismo del hombre debería conformarse con el hecho de que la deformación onírica, los sueños angustiosos y los punitivos representan otras tantas pruebas de su esencial moral, pruebas no menos evidentes que las suministradas por la interpretación onírica en favor de la existencia y la fuerza de su esencia malvada. Quien disconforme con esto quiera ser "mejor" de lo que ha sido creado, intente llegar en la vida más allá de la hipocresía o de la inhibición. El médico dejará para el jurista la tarea de establecer para los fines sociales una responsabilidad arbitrariamente restringida al yo metapsicológico. Todos sabemos cuán difícil es deducir de esta construcción artificiosa consecuencias prácticas que no violen los sentimientos humanos." Freud, "La Responsabilidad Moral Por El Contenido De Los Sueños", 1925 |
A esta altura del tiempo transcurrido desde la creación del psicoanálisis, y habiéndose celebrado cien años desde la aparición de la Interpretación de los sueños, no está mal preguntarse por su estado. ¿Cuál es el estado general del paciente?, diríamos, en una metáfora médica. Y en ese caso podríamos asumir que está enfermo o que su estado produce preocupación y debe ser evaluado.
En todo caso, se suele hablar de la crisis del psicoanálisis, del mismo modo que hace poco se hablaba de la crisis del marxismo. Crisis del psicoanálisis frente a terapias alternativas multiplicadas, frente a las neurociencias y los psicofármacos, o frente a la situación del sujeto actual y sus exigencias. O simple crisis de envejecimiento y caducidad.
¿Se habrá caído la cortina de hierro del psicoanálisis real, dejando al desnudo sus falencias? Las corrientes revisionistas de la historia del psicoanálisis, tipo Roazen y otros quieren hacernos creer esto, y descubren que el psicoanálisis es humano, por ejemplo que Freud era ambicioso, tenía pene e iba al baño o que Lacan era un mujeriego.
La comparación con el socialismo burocrático extinguido nos sirve para pensar que, si en todo caso, el socialismo se cayó, fue ese socialismo de ese país y de esa historia, y no el socialismo, y que su vitalidad depende de quienes lo sostengan y de que responda a los utopías de la gente. Dicho de otro manera, los que están en crisis son los marxistas y no el marxismo. Del mismo modo, son los psicoanalistas los que pueden estar en crisis o no estar a la altura de los tiempos, no así el psicoanálisis, necesariamente.
Pero los muertos que vos matáis gozan de buena salud.
La proliferación de grupos y movimientos psicoanalíticos, especialmente en Sudamérica, parece indicar que el psicoanálisis aún está vivo y es capaz de producir retoños. Sus practicantes sin embargo se inquietan porque el mercado sufre las ofertas de nuevas "tecnologías" terapéuticas o viejos curanderismos, o porque los medios de comunicación se ven saturados por los breves papers y los contundentes slogans de las recetas de autoayuda o de heteroayuda breve fármacoasistida, tecnoasistida o brujoasistida.
No es una novedad que los curanderos sean más populares que los psicoanalistas, y Freud siempre fue escéptico respecto a la aceptación pública del psicoanálisis. En efecto, lo más rechazado de nosotros mismos rara vez puede ser un ideal.
Otra cosa es una crisis de caducidad del psicoanálisis. En ese caso, dos cuestiones se nos presentan: 1) que el psicoanálisis, como muchos movimientos de masa, requiere de líderes y grandes creadores, y que éstos (un Freud, un Lacan, una M. Klein) no se presentan muy seguido. 2) que como dijimos en un artículo anterior (1996, "Sobre el movimiento psicoanalítico" , Página 12), la palabra movimiento alude también a una acción colectiva que apunta a un cambio de ideas, o testimonia este cambio (Diccionario Lexis Larousse). Freud y Lacan apuntaron, nosotros testimoniamos.
Lo que se testimonia también es que la cortina de hierro de la IPA única, medicalista, famillonaria y excluyente de los profanos no médicos ha caido hace rato, aquí y en otros países, incluso dentro de ella misma.
Existen además fuertes agrupaciones competitivas o alternativas, como la AMP, y otras, además de multitud de asociaciones y grupos. En general Lacan vino a corporizar mayormente la alternativa de los profanos, sobre todo en Argentina.
La proposición entonces de los Estados Generales en París, o sea de una especie de Tercer Estado que reuniera a los no institucionalizados del todo en las dos grandes organizaciones que aspiran a internacionalizarse o mundializarse, nos pareció interesante.
La primera etapa, que consistió en colocar en Internet todos los trabajos que se presentaran fue excelente, y permitió contar con una red de comunicaciones consultable y evaluable y con una multiplicidad de posiciones sólo delimitada por seis grandes ejes, grosso modo: clínica psicoanalítica; psicoanálisis y transmisión; psicoanálisis e instituciones; psicoanálisis en relación con el arte, la literatura y la filosofía; psicoanálisis y ciencias biológicas; psicoanálisis y política.
La segunda etapa, la del Congreso mismo en París, entre el 8 y el 11 de julio, fue altamente decepcionante: reunidos en el imponente y turístico escenario del anfiteatro de la Sorbona, cerca de mil asistentes nos vimos engullidos por un dispositivo espectacular tipo gran asamblea, manipulable siempre por los polos de poder constituidos, y en el medio de la torre de Babel de las distintas lenguas, sólo salvables por el uso de un auricular, aún necesario para entender la propia lengua, ya que la acústica era pésima.
El panel dirigía allí toda comunicación y los conocidos efectos de masa de las mociones emotivas y por aclamación se sucedieron sobre todo hacia el final del Encuentro. Hubo una ausencia total de trabajo en pequeños grupos, indispensable para el psicoanálisis y para todo intercambio y un abuso de los espacios de la palabra por parte del panel de turno y por parte de dos descomunales conferencias exclusivas otorgadas a Derrida un día y otro a un ex - embajador chileno de Allende. Derrida, evidente aliado de René Major, se explayó larga y aburridamente con su discurso egocéntrico francés filosofante y estéril y totalmente ajeno al psicoanálisis. Y el pobre ex - embajador chileno, a pesar del mérito de tratar un hecho tan importante como la represión en Chile, deliró abundantemente sobre su obsesión con Pinochet y terminó, paradójicamente, mistificando a un personaje y a un no se cuál espíritu chileno, fuera de la historia y el tiempo, sin siquiera mencionar a EE.UU.
Pero más aún, la tarea principal de los comentadores panelistas: resumir la esencia de las ponencias presentadas fue incumplida y burlada casi totalmente.
Vimos así, como se preveía por el tufillo a Revolución Francesa trasnochada y en realidad nostálgica de la monarquía, del ambiente elegido, unos Estados Generales que no fueron nada generosos con el psicoanálisis (por el contrario, se trató además de un Congreso carísimo y sin prestaciones mínimas que lo justificaran) y con los ricos trabajos presentados y las expectativas alimentadas.
Se asistió, por otra parte, a una especie de mise-en-scène del mito del nacimiento de un nuevo héroe (recordemos que jeune héros y généraux suenan casi igual en francés), personificado en la figura de René Major, frente a una masa angustiada por las condiciones del psicoanálisis en cada uno de los lugares de referencia. Lamentamos que nuestra amiga e inteligente pensadora Elisabeth Roudinesco se haya prestado a tal parodia, si bien se mantuvo en general en un prudente segundo plano. Pero creemos que tal movilización quizás dé sus frutos, desde abajo.
Mientras tanto, el movimiento psicoanalítico se mantiene en espera, en souffrance, cartelizado por un lado por las dos grandes asociaciones monopólicas IPA y AMP, y pulverizado por otro en multitud de grupos y de practicantes no institucionalizados que intentan dar cuenta en su lugar y en su tiempo de los desafíos de su práctica y de su época. Los intentos asfixiantes de estas dos grandes centrales, sobre todo la práctica de un terrorismo barato intelectualoide en el campo del lacanismo, o los intentos ya ahora decididamente corporativos de aliarse al Estado neocapitalista en todo el mundo para sólo legalizar (y no digo legitimar) la práctica del psicoanálisis de los súbditos respectivos de las instituciones donde el poder del amo se ejerce son lamentables...
Nuevamente se hace claro que la autogestión de los analistas, formando los lazos que se necesiten en cada momento, y disolviendo los enquistamientos institucionales es el mejor camino. El analista se autoriza en un largo y complejo proceso de formación e intercambio, con o sin instituciones y sin petulantes que lo armen caballero con sus espadas de delfines obsesivos o sus anillos de sociedad secreta. Y lo más importante, en el Malestar en la Cultura del que debe dar cuenta y al que debe responder y aún lanzarle sus desafíos, como supieron hacerlo Freud y Lacan, cada cual en su desnivel y su transferencia con ellos.
Siempre habrá líderes y masas, probablemente, y sólo el anarquismo supo insinuar un dificilísimo camino de autogestión que creemos que en el psicoanálisis toma el rumbo de los pequeños grupos y las asociaciones creativas o las espléndidas soledades, mientras duren. La globalización actual y la compresión multicultural que produce parece propicia a este tipo de gestión para compensar la concentración monopólica y reflejar los múltiples intereses de la gente.
Apuntar al carozo (Kern Unseres Wesen) de la angustia de la encrucijada del ser humano actual, heredero del multigenocida siglo XX y de la capacidad adquirida por primera vez en la Historia de aniquilar totalmente el planeta, en medio de una opresión totalitaria cotidiana economicista revestida de seudodemocracia, es nuestro deber ético como Kulturträger (portadores de cultura) y cuerpos hablantes, soportadores de un goce que atrona al planeta con su estupidez y su destructividad. Sólo el fantasma migratorio parece recorrer ahora Europa y el mundo con su penosa utopía perdida a cuestas.
Haber visto recientemente las marcas de las multinacionales escritas en cirílico sobre el cuerpo del imperio ruso desplomado y prostituido por Putin, un ex KGB que lidera el genocidio checheno, me resultó una muestra reciente. Y haber corroborado que allí renace el psicoanálisis, en cierto modo, llama a la responsabilidad para que los analistas no nos convirtamos en otros prostituidos más del Mercado, sino en los intérpretes del Malestar en la Cultura, continuadores del deseo de Freud, y de la utopía de una "fraternidad discreta", en nuestra humilde medida. Los grandes peligros para el psicoanálisis no son las tecnociencias ni el hombre light sino las opciones de un pragmatismo al uso actual o de una patafísica filosofante y trasnochada, que no contemple el sufrimiento común de la criatura humana y no lo dignifique con la diabólica y contradictoria materia de los sueños.
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