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Carta abierta a la comunidad psicoanalítica internacional en respuesta a la solidaridad recibida a raíz de la catástrofe argentina

-El colapso argentino es un fenómeno local pero es también producto de la globalización y anticipo de lo que puede suceder en otros países. El mundo haría bien si decidiera mirarse en el espejo de la Argentina para buscar allí la imagen anticipada de su futuro.

-Política. El terrorismo de Estado (1976-1983) y los "desaparecidos" generaron a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, respuesta política totalmente innovadora que tuvo a las mujeres como protagonistas del enfrentamiento al poder totalitario.

-Economía. La dictadura del Poder económico (FMI) generó el movimiento de los "piqueteros" y los "cacerolazos", también una respuesta política basada en una metodología totalmente novedosa. Curiosamente, el "arma" utilizada en esta lucha, las cacerolas, es un símbolo tradicionalmente femenino que, aludiendo a la clausura del hogar y a la esclavitud de las mujeres, fue trasladado y resignificado (cambiado de signo) en el espacio público como atributo de rebeldía, esta vez en manos de mujeres y varones, de niños y de niñas, de ancianos y de ancianas. Quiero decir que estamos ante un símbolo -cacerolas- que hace de puente transitando los límites impuestos por las diferencias de género, por las diferencias de clase social, por las diferencias generacionales, etc.

-Psicoanálisis. Estas reacciones al discurso totalitario de la política (Las Madres de Plaza de Mayo) y de la economía ("piqueteros" y "cacerolazos") suceden en la Argentina, país donde el psicoanálisis ha tenido un desarrollo significativo por, al menos, tres razones:

1.- La producción teórica coherente, original y pionera que ha disputado el liderazgo a los centros metropolitanos (Londres, París, Nueva York).

2.- La escisión de los 70 (Grupos Plataforma y Documento) que partió el psicoanálisis en dos: uno que siguió fiel a la clase media que lo produjo y lo consumió y que quedó ligado a las instituciones oficiales dependientes de la IPA y a las asociaciones lacanianas más tradicionales, y otro mucho más ligado a lo social que acompañó a los procesos revolucionarios, a los movimientos políticos, y trascendió los límites de clase.

3.- La enorme divulgación del psicoanálisis en el amplio campo de la cultura, que supone una inteligencia psicoanalítica de masas.

Una catástrofe política, económica y social como la que estamos padeciendo no tiene precedentes en la historia de la Argentina y sólo puede compararse con el colapso de la ex Unión Soviética en 1989.

Se da, además, en un país donde existe una masa crítica de producción psicoanalítica.

Entonces, aquí pueden suceder dos cosas: o el psicoanálisis acompaña con su decadencia la decadencia política, económica y social de la Argentina (lo que significaría sumar a la miseria material la miseria intelectual y simbólica), o el psicoanálisis y los psicoanalistas asumen las circunstancias actuales como desafío para poder pensar la crisis y ayudar a capturar y procesar el trauma social.

Si el trauma social de los 70 y los 80 fueron los "desaparecidos", ahora los excluidos del sistema y de la vida por razones económicas tienden a repetir el hecho traumático pero, también, los "desaparecidos" de entonces reaparecen en los "piqueteros" de ahora al estilo del retorno de esos restos sociales que fueron reprimidos y desmentidos en su existencia. Los "desaparecidos" a los que se descartó materialmente y se intentó suprimir simbólicamente, reaparecen en los "piqueteros" concebidos como "restos sociales", como "escoria sobrante" que con su presencia hacen bueno en lo social eso del eterno retorno de lo reprimido que Freud describió para el psiquismo individual.

Los "cacerolazos" nos invitan a atribuir sentido y construir un significado en relación con ese polifónico ruido ensordecedor. Ruido que aturde pero que, también, hace oír sus consignas. Es tarea de los psicoanalistas adscribir palabras a los síntomas sociales y a los síntomas individuales, y reconocer el desafiante significado antitotalitario presente en consignas tan "locas" como "¡ue se vayan todos!". Esta consigna se parece, en la imposibilidad de responder al reclamo, a esa otra que esgrimen las Madres de Plaza de Mayo "¡eaparición con vida!"

Como en una espontánea actualización de los grafittis sesentista "seamos realistas, pidamos lo imposible", tal parecería ser que, al final, lo lograron. Las Madres que pedían "reaparición con vida" de los "desaparecidos" (que todo el mundo sabe que fueron asesinados) al final lo consiguieron, porque en la presencia de algo que hasta ahora no estaba en la escena política, los "piqueteros", aparecieron con vida reclamando su lugar en este mundo los condenados a la desaparición. Y las mujeres pudieron sacar sus cacerolas -y los hombres pudieron apropiarse de las cacerolas- para transformar su instrumento de esclavitud en un instrumento de lucha como antes las Madres habían sacado sus pañuelos.

Decía antes que el mundo haría bien si decidiera mirarse en el espejo de la Argentina para buscar allí la imagen anticipada de su futuro. Los psicoanalistas del mundo harían bien en compartir con los psicoanalistas argentinos las reflexiones que este momento tan particular desencadena. La solidaridad de la comunidad psicoanalítica internacional con los psicoanalistas argentinos debería pasar, antes que por la caridad bienintencionada guiada por la sensibilidad hacia las dificultades que estamos viviendo, por la decisión de promover encuentros y abrir foros para el intercambio y la producción de ideas; foros presenciales y virtuales que beneficiarán no sólo a los afectados directos sino a todos aquellos que estén comprometidos con el futuro del psicoanálisis y de la humanidad.

Febrero de 2002, Juan Carlos Volnovich

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